Un esquimal en Nueva York

En estos días de vacaciones y fiestas navideñas uno tiene un poco más de tiempo para hacer cosas que normalmente no hace y en los últimos días he estado revisando algunos libros que he comprado a lo largo de este año y que quizás no había tenido yo el tiempo para entrar más a profundidad a su lectura, uno de ellos que les quiero recomendar el día de hoy es un libro que se llama “Un esquimal en New York” y otras historias de la neurociencia de José Ramón Alonso. Es un libro muy interesante porque este autor cuenta sobre diferentes aventuras, anécdotas e historias que han sucedido alrededor del estudio de la mente y del cerebro.
En la introducción de este libro nos dice, “el estudio de la mente también es el estudio de quienes somos… todas las creaciones sublimes del ser humano: la pintura, la escultura o la música y también todos nuestros sentimientos, pensamientos y decisiones tienen lugar en el cerebro y desde él, con todas nuestras neuronas que disparan chispazos químicos en medio de la ventisca, llegamos a nuestra vida cotidiana, a nuestras leyendas y miedos ancestrales”…
En un ámbito como en la Neurociencia, en el que los descubrimientos suceden a un ritmo vertiginoso, es imperativo mirar hacia atrás para ver cuánto hemos avanzado y todo lo que hemos recorrido… y deducir así cuánto nos falta por descubrir y por saber, una historia propia de nuestra especie llenas de fracasos, pasión, risas, miedo, sueños y dolor de lo mejor y lo peor de los hombres porque son en definitiva historias humanas estas historias de la neurociencia, de esto trata este libro y es un conjunto de treinta historias diferentes en relación al cerebro.
Déjenme decirles que una historia que me pareció muy interesante y también muy triste, es la historia de un esquimal llevado a New York que es precisamente la historia que da el título al libro y nos cuenta sobre la historia de Robert Edwin Peary que es uno de los más famosos exploradores polares.
Este ingeniero en marina americano anunció que alcanzó el polo norte el 6 de Abril de 1909, era un señor muy victoriano de largos y engominados bigotes, con su bastón y su sombrero. Sin embargo, algo que es muy triste es que él trajo de esa primera expedición al polo norte, a un esquimal, Akishu, con su hijo Minik. Convenció de venir a este joven hombre y a su pequeño hijo de siete u ocho años, como una “curiosidad científica”. Los trajo con la promesa de que los regresaría muy pronto al polo norte, cosa que jamás sucedió, La criatura y el padre se enfermaron al poco tiempo y Kishu el padre de Minik murió rápidamente de tuberculosis, Minik se quedó en New York y le dijeron que habían enterrado a su padre cuando en realidad nunca lo enterraron. El cerebro de Kishu fue extraído y analizado en 1901 y luego lo embalsamaron y lo pusieron en una vitrina, exhibiéndolo en el Museo de Historia Natural. Fue muy triste para el niño ver a su padre en esa vitrina…. finalmente Minik en la adolescencia le dijo a la gente que lo habían traído “ustedes son una raza de científicos criminales… sé que nunca conseguiré que el museo entregue los restos mortales de mi padre…. me alegra bastante poderme largar de aquí antes de que me saquen los sesos y los pongan en un tarro”. Minik le rogó a Peary que le ayudara a volver a su pueblo y el explorador polar se negó alegando que no tenía espacio en su expedición y el joven le contestó “encontró espacio suficiente para traerme aquí ¿por qué no puede llevarme ahora?” finalmente Minik fue llevado por otro explorador a Groenlandia, los inuit acogieron a Minik y le renseñaron el idioma y las enseñanzas necesarias para un adulto esquimal, que es básicamente a cazar y pescar pero fue muy difícil y ya no pudo integrarse como tal a los esquimales, pero tampoco en esta sociedad. Terminó su vida muy deprimido, y escribió: “ya no encajó en el lugar donde nací y tampoco encajo en donde fui secuestrado…
¿por qué soy aquí y allí un experimento?”
Al final Minik volvió a los Estados Unidos y enfermó de la famosa gripe española y murió a los 28 años de edad, tristemente.
Esta es una de las muchas historias que nos cuenta este libro de José Ramón Alonso, te lo recomiendo. Déjanos aquí tus comentarios.

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